• Adriana Arismendi

¿Cuándo y cómo puedo cambiar en mi entorno laboral?

Solemos pensar que el trabajo es un sacrificio, varias veces he dicho que el trabajo es solo trabajo, pero la verdad es que ocupamos no solo gran parte de nuestra vida en él, sino que empleamos mucha de nuestra energía y nuestro esfuerzo en este tema. Entonces, si es así, no deberíamos verlo solo como un asunto poco interesante que nos “toca hacer”, deberíamos poder disfrutarlo, tendrá siempre su cuota de malestares, propios del oficio, pero en el podríamos encontrar un espacio más para crear y aportar que para sufrir y lamentar.





Es cierto que a muchos no les queda otra opción que tomar la posición vacante que le ofrezca, sin que sea el lugar, el oficio y la recompensa que esperan. También sucede, que llegamos a una posición con altas expectativas y una vez arrancamos nos damos cuenta de que lo que esperábamos no coincide ni por poco con la realidad. ¿A cuántos les ha pasado que se habían imaginado un mundo estructurado y organizado donde sus opiniones serían valoradas y no encuentran más que caos y autoritarismo?. Creo que todos hemos tenido un poco de eso.


El trabajo implica un beneficio directo y tangible: remuneración que nos permite vivir, alimentarnos, pagar nuestras obligaciones y cumplir con nuestras responsabilidades. Cuando las cosas mejoran, entonces además de lo anterior, podemos también darnos gustos, como salir a comer o comprar algo que nos emocione. Si mejoran aún más, planeamos vacaciones, ayudamos a otros y hasta ahorramos. Y todo eso se traduce en bienestar, logro y satisfacción.


Pero esto es puramente material, no tiene nada más y las personas valoramos y necesitamos lo material, sin duda. Pero necesitamos un poco más para que nuestro círculo esté completo: satisfacción personal. Sentirnos útiles, saber que nuestro esfuerzo es valorado, que aprovechamos oportunidades inteligentemente y contribuimos a algo más grande.


Parece que es mucho pedir, tener un empleo con buen ambiente, encontrar respeto y valor por nuestros aportes, gozar de una buena remuneración salarial y ¡ah! se me olvidaba, tener un buen jefe…


A veces, también creo que esa lista de deseos perfectos es imposible de obtener, pero eso lo pienso solo por momentos, en realidad todos los días me digo a mi misma que no puedo desmayar en el afán de estar en el lugar que cumpla todas mis expectativas, no solo porque así lo deseo sino porque me comprometo a dar mi máximo para que en una relación laboral todos prosperemos. Eso debería ser suficiente para merecer ese encuentro.


Sí tenemos valor para entregar y nos comprometemos a dar lo mejor de nosotros, estamos en el deber de buscar incansablemente ese espacio en el que podamos disfrutarlo. Somos personas, cambiantes y complejas por lo que esperar que todo sea un cuento de hadas todos los días puede no ser realista, sin embargo, trabajar con buenas personas y buenos profesionales, tiene que ser posible.


Empieza por enumerar qué quieres de tu vida laboral, qué te gustaría, no importa que sean ideas muy abstractas, debes sentir algo especial cuando enumeras lo que quieres, puede que pienses que son imposibles, pero sigue adelante.


Elabora también un listado de lo que tú puedes aportar en esa vida laboral ideal, cuál es tu compromiso. Y con ambos listados enfílate a propiciar el cambio que quieres.

Pude que sea encontrar un nuevo empleo, cambiar de área en la empresa en la que trabajas, independizarte, hacer crecer tu negocio o cambiar de ramo. Todo es válido.

El momento adecuado para hacerlo es cuando piensas que quieres algo distinto a lo que tienes, o hay fecha ni hora. El momento preciso se anuncia en tus sentimientos, en la inquietud de plantearte nuevas posibilidades.


Si se trata de independizarte o hacer un negocio propio, tómate el tiempo necesario, si aún estás empleado, sin abandonar tu empleo, para construir los pilares de lo que quieres hacer. Emprender tiene sus dificultades, y hacerlo sin tener claridad de lo que quieres puede hacerte el camino más duro. Saca tiempo de tus espacios libres para dedicarte a ello y una vez sepas hacia qué dirección quieres andar y qué necesitas para hacerlo puedes aventurarte.


Mira lo que tienes como una oportunidad para aprender, para quienes tienen la inquietud de independizarse, estar empleado es como el equivalente a hacer un máster. Asume que el pago que das por hacerlo es el tiempo que pasas en él y no en tu negocio, pero su recompensa en aprendizajes y experiencia puede ser tremendamente grande.


Por otro lado, si quieres desarrollar tu profesión en una empresa, pregúntate qué te gusta, qué empresa parece coincidir con tus principios y qué es importante para ti. No es sinónimo de felicidad, éxito o realización alcanzar posiciones altas en un organigrama, tampoco trabajar en una empresa grande, ni lograr reconocimiento público. Todos somos distintos y en tanto la definición de felicidad, éxito y realización es muy diferente para cada quien, y todas esas definiciones están bien y son válidas. Lo importante es que llenen tus expectativas, las de nadie más.


Asume que conseguir una posición o un cambio dentro de una empresa, no es algo que caiga del cielo, debes proponerte a alcanzarlo. Reúne lo mejor de tus habilidades, también enumera tus logros, por pequeños que los creas y sal a buscar ese espacio que te corresponde. Si tienes claridad de tu compromiso y lo que puedes aportar, podrás identificar si tienen para ofrecerte lo que esperas y como en el amor, se dará un perfecto match que te llevará a transitar por el camino que elegiste.


Paciencia, constancia y perseverancia son necesarias para materializar los cambios que queremos en nuestra vida profesional. No olvides que las circunstancias nos pueden llevar a determinados lugares, pero nuestra consciencia es la que nos hace permanecer en ellos o no.

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