• Adriana Arismendi

Escuchar y ser escuchado: Los 5 pasos para ser un líder empático

Ser líder implica inspirar, guiar y apoyar y no lograrás hacerlo si no aprendes a escuchar y te aseguras de que otros te escuchen, por eso es importante ser consciente en cada momento y en toda situación, prestar suficiente atención a lo que llama tu atención, pero sobre todo, a lo que no lo hace. En mi experiencia lo que no sobresale, lo que no se dice, esconde mucho más contenido que lo que se expresa a gritos.



Aquí cinco recomendaciones rápidas para aprender a escuchar y dejar que te escuchen:


1. Crea el espacio para conversar y hazlo con prioridad.

Cuando las cosas no vayan bien o detectes roces y desacuerdos en el equipo. Un lugar agradable fuera del escritorio funcionará. No siempre los espacios formales propician confianza y conversaciones abiertas, si quieres estimular las conversaciones profundas, empieza por buscar otros espacios que creen más conexión natural, menos rigidez corporativa. Un escritorio en el que se marca quién es el jefe y quién no, no es el mejor escenario.



2. Convierte las diferencias en fortalezas.

No todos tenemos que pensar igual, pero si encuentras el punto de valor en cada argumento distinto, potenciarás fortalezas. Cada opinión cuenta, recuérdalo, y ser el líder no hace que tengas la razón. Abre tu mente a escuchar con atención y leer entre líneas, a veces no sabemos expresar bien nuestras ideas, haz preguntas, indaga y lee el lenguaje corporal, no solo las palabras.


3. Vence los prejuicios.

No te anticipes a juzgar y adivinar lo que el otro siente o piensa, espera con paciencia a que te lo comunique y acepta la posibilidad de crear nuevas historias. Hacer borrón y cuenta nueva no es solo necesario sino justo.


Todos nos equivocamos y no son los fallos los que nos definen, es lo que hacemos con cada aprendizaje, lo que somos capaces de crecer y evolucionar, la forma en la que afrontamos la situaciones difíciles, las que nos dan forma y definen. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero juzgar no nos lleva a nada concreto. Que tus opiniones sean basadas en hechos y tu feedback claro y oportuno.


Cuando no hay hechos sino percepciones, hablar de tu opinión al respecto y abrirte a escuchar, es clave. Todos vemos el mundo con un lente distinto y eso no lo hace mejor o peor, son solo perspectivas.


4. Conecta de manera personal.

No somos máquinas, ver a los ojos a la otra persona, interesarse genuinamente por lo que pasa en su vida y no solo en el trabajo, te permitirá entenderle y apoyarle mejor. Cuando sabemos quién es, qué siente, en qué cree y qué le preocupa a una persona del equipo, entendemos mejor su mundo y su actuar y potencial en el mundo profesional.


No somos máquinas, en tanto no solo somos los que nos pasa en el trabajo. No te debilita acercarte, ser empático y compasivo. Delimita bien los espacios y las acciones para que cada uno sepa hasta dónde está bien llegar y qué afecta y qué no el juicio profesional, pero siempre ten en cuenta que somos primero personas.


5. Ábrete a compartir lo que piensas y sientes.

Luego de escuchar con atención siente la libertad de poder expresarte también. Que la sinceridad respetuosa sea una rasgo de tu liderazgo. Mostrar vulnerabilidad no te hace débil, al contrario es un rasgo de coraje y seguridad en ti mismo. Es válido que tengas opiniones, percepciones e ideas y son tan valiosas como las de tu equipo.


Compártelas y si en algún momento no te sientes preparado para hacerlo o se espera de ti un consejo o respuesta que no tienes, también se vale decir que necesitas tiempo para procesar y prepararte ante el tema.


Ese es un compartir también válido. Asegúrate de que la otra persona haya entendido lo que querías expresarle, haz preguntas luego de hablar y podrás avanzar en las relaciones.


Siempre tendremos el reto de comprender a los demás, porque cada cabeza es un mundo, si abres tus sentidos y tu corazón a escuchar y te propones ser escuchado, construirás relaciones verdaderas que te ayudarán a superar obstáculos.

Nos gusta a todos que nos escuchen, sin embargo, ¿cuánto escuchamos a los demás?


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