• Adriana Arismendi

¿Individualista o equipero?

La experiencia más dura que todos vivimos en el trabajo en equipo es cuando estamos en el colegio. Los maestros se esfuerzan por enseñarnos el valor de compartir y escuchar, lo hacen con dinámicas obligatorias de juntarte con varios personajes para que todos, en defensa de una nota de supervivencia, logren sacar adelante un proyecto escolar. Aquí el reto empieza porque les encanta hacer equipos aleatorios, es decir, impedir que te unas a tus mejores amigos. La idea es que te veas obligado a compartir con quienes son menos compatibles, para que así se sienta en cruda realidad lo que seguramente serán tus futuras interacciones laborales.


La verdad, es que en la mayoría de los casos, esta experiencia resulta traumática. Y esto no lo sé solo por mí, sino por varias personas a las que he encuestado de forma secreta, para evitar los juicios que, como adultos, nos hacen pensar que no deberíamos tener opiniones en contra del trabajo en equipos.

Esta percepción no mejora cuando llegamos a la universidad. Por el contrario, tiende a empeorar porque siendo adultos, cuando se supone la madurez aflora, es más visible el egoísmo y las diversas motivaciones de cada persona. Mientras a algunos les apasiona lo que estudian y quieren esforzarse por ser los mejores, a otros les basta con complacer a sus padres asistiendo todos los días. Algunos dedican su tiempo solo a estudiar, otros trabajan en paralelo y otros tantos, comparten sus vidas emocionantes de jóvenes intrépidos con de vez en cuando estudiar.

El motivo fundamental, que estoy segura tienen maestros y profesores, es enseñarnos el valor del trabajo en equipo. Esa es mi conclusión, muchos años después de haberme graduado. No es sencillo, pero si así nos parece, comparar esa experiencia con la laboral no tiene precio.

A algunos les gusta hacer parte de un equipo porque así pueden esconder sus temores o la lentitud de su actuar, soportándose en los que trabajan más duro. Para otros trabajar de manera individual es el único camino para mostrar su excelencia y alcanzar la tan anhelada escala de posiciones corporativas. Pocos, y tengo que decirlo, más común en las nuevas generaciones, valoran trabajar en equipo porque comparten su conocimiento, consiguen conocer de nuevas personas y nuevos temas y disfrutan de la diversidad. Este es un enfoque bastante evolucionado.

Como líder, he podido comprobar los resultados de ambos metódos. Algunas personas son excepcionalmente buenas haciendo lo que saben por si solos. Pero una organización es un ecosistema de mentes y procesos, por lo que todo debe estar conectado en algún punto para hacerlo realmente eficiente y valioso, tanto para el negocio como para sus clientes.

El trabajo en equipo es, en mi experiencia, la mejor forma de alcanzar resultados insuperables por varios motivos:

Todo es dependiente, el resultado de alguno impacta las tareas de otro, de manera que si se unen y coordinan dejarán de ser buenos resultados independientes para convertirse en grandiosos alcances.

Cuando un equipo está coordinado y sabe a dónde quiere llegar trazando una estrategia para lograrlo, gana velocidad, capaz de equivocarse rápido y aprender rápido.

Si cada persona se compromete con su mejor esfuerzo hacía un mismo fin, significa que todo el proceso se hace más eficiente, porque se disminuye la posibilidad de tener a dos o más personas trabajando para lo mismo.

Dos cabezas piensan más que una. Al unir personas capaces y comprometidas con el mismo objetivo, aportarán ideas más valiosas que impulsarán los resultados a otro nivel. Podrán encontrar más innovación para aplicar a cada tarea al tiempo que serán capaces de diseñar mejores soluciones a los problemas.

Un equipo unido puede generar movimientos de gran escala, porque cuando se comparte la motivación, el ambiente de apoyo, solidaridad y camaradería convierte cualquier proceso de trabajo en un sinfín de oportunidades.

Para cualquier empresa es una ganancia contar con equipos de trabajo y no solo con individuos que de manera independiente hagan lo suyo, pues si como es natural, se llega a dar rotación de algunos de los miembros, los procesos, el conocimiento y los resultados se mantendrán vigentes en el resto de los integrantes, haciendo así que la organización sea un sistema vivo y auto sostenible.

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