• Adriana Arismendi

La innovación no depende de una herramienta, depende de un ser innovador

Las personas innovadoras son las que impulsan el cambio y la evolución y esto no se trata de herramientas, objetos, productos o tecnología, se trata de mindset, de proyección, de pensar en los demás.


El ritmo acelerado y la obsesión por el resultado inmediato nos hacen descuidar el espíritu innovador que como todo requiere de cultivo, de cuidado. En las organizaciones la jerarquía es un veneno para la innovación. Los modelos económicos competitivos socavan la oportunidad de experimentar, de soñar, la libertad de crear.

Los conceptos como normalidad, deber ser, resultados inmediatos, son obstáculos permanentes para el desarrollo del ser innovador. La innovación no funciona si no implica evolución y esta a su vez bien común. Lo nuevo es bueno si le sirve a muchos otros para vivir mejor. Estas ideas están más arraigadas en las nuevas generaciones (aunque no es excluyente) pero necesita de un empuje suficiente para que ese pensamiento se extienda, se convierta en acción y contagie a otros.

Como personas debemos cuidar el espíritu innovador en cada uno y en quienes nos rodean con la consciencia del colectivo para crear y transformar realidades que nos permitan vivir mejor.


1. Disminuir los procesos de recompensa por resultado inmediato 2. Eliminar las jerarquías y darle valor y reconocimiento al aporte, al accionar y al resultado de valor sostenible en el tiempo 3. Propiciar la creación de nuevos conceptos, borrar el "normal y esperado" por el "funciona, probemos" 4. Confiar y escuchar. Las buenas razones que sustentan un cambio merecen la confianza de demostrar que son reales y posibles 5. Mejor juntos. Uno solo no hace el cambio, la suma de varias mentes y corazones logra grandes transformaciones. El éxito compartido es cada vez más una necesidad. Innovar es cultivar y dar espacio.

¿Qué tanto cultivamos mentes innovadoras?

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