• Adriana Arismendi

Los grandes aprendizajes de un año extraño

Seguro no te sorprenderá pensar que este año pasó volando, o que las sorpresas y los escenarios inesperados se hicieron frecuentes en nuestros días. Y sí, coincido con esa percepción. Si bien pensar en tiempos lentos parece una ilusión, el 2021 estuvo marcado por un acelerado ritmo de tareas incesantes que se multiplicaban ante la incertidumbre constante y las sorpresas que recibimos.



Y es que en el mundo, todo sigue cambiando con mucha velocidad. La pandemia “nos detuvo” pero solo para que pudiéramos ir más rápido. El teletrabajo es ahora normal, el uso de mascarillas y de alcohol para las manos es parte de la rutina, los abrazos apretados son un tesoro y la posibilidad de disfrutar vacaciones es un lujo que agradecemos.


Las criptomonedas son cada vez más comunes, los jóvenes piensan con más frecuencia en invertir. Las vacunas han podido ser gratis para todos. Elecciones presidenciales siguen marcando un camino de izquierda en varios países. Hemos visto con dolor cómo cientos de seres humanos intentan huir del terror colgando de las alas de un avión, mientras irónicamente otros pocos se deleitan en la libertad de conquistar el espacio.


Las crisis sociales y políticas golpean el mundo, en tanto la crisis climática sigue reclamando atención. Facebook ahora se propone trascender el universo con su nueva marca y redes como Tik Tok crecen como la espuma. Friends volvió a recordarnos que nos gusta sonreír y Sex and the city se niega a morir. The Matrix se dice a si mismo que sigue vigente y Lady Gaga vuelve a demostrar que también se puede ser actriz. Se silencia la voz de tendencias que aparecen para vivir muy poco tiempo, JLO vuelve al pasado… el ayer parece volver a estar de moda.


Las marcas han entendido que deben ser más reales, empáticas y sinceras, y las personas exigen por un trato justo, una experiencia única y una oferta personalizada.


Nuevas compañías crecen y se apoderan de mercados importantes e increíblemente muchas grandes empresas siguen sin comprender que el mercado reclama nuevas formas.


Somos los mismos, viviendo en un mundo que se mueve más rápido. Cambiamos de opinión como el clima cambia su actuar. Los gustos van y vienen. Las necesidades son distintas de acuerdo a cada persona y el imperioso deseo de atención se vuelve una esclavitud.


Todo cambia y cada vez a una mayor velocidad. No fue el 2021 un año de terror, fue un año de aprendizaje constante, de entrenamiento al mejor estilo de boot camp, para comprender que no tenemos control del futuro y que solo podemos hacer lo mejor si somos capaces de vivir el presente. Ha sido un año para entrenar la compasión y cuestionarnos el propósito. La solidaridad y las decisiones conscientes, la gentileza y la flexibilidad deberían ser características que impregnemos en todo lo que hacemos a diario.


Un año complejo no puede generar desaliento, un año retador tiene que generar emoción, esperanza y planeación. ¿ De qué nos sirve el dolor si no es para trascender, evolucionar y ser felices? Que valga la pena lo que vemos en el mundo para ser mejores personas, crear mejores empresas, liderar de una forma más humana, ser más inteligentes y estratégicos, pero sobre todo más empáticos y responsables.

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