• Adriana Arismendi

¡No sé cómo cambiar lo que no me gusta de mí!

Es normal o al menos común que juzguemos con dureza lo que somos y lo que hacemos. Vivimos en un entorno altamente saturado de información y de modelos a seguir, que sin ningún reparo muestran públicamente vidas, cuerpos y mentes perfectas que nos llevan a compararnos y por supuesto menos preciar lo que somos.


Claro que a medida que avanzamos y nos llenamos de información y experiencia nos volvemos más críticos y exigentes. Si hemos tenido la oportunidad de viajar y conocer otros lugares nuestra capacidad de asombro parecerá un acordeón cada vez y si hemos tenido la oportunidad de hablar con personas que han estado fuera de nuestro contexto, nuestra visión del mundo irá cambiando y en tanto la de nosotros mismos.


Se trata de un balance, claro que debemos mejorar. No tendría sentido que pasados los treinta años sigamos haciendo las mismas pataletas que hacíamos a los cinco. Que no tengamos fuerza de voluntad para resistir una tentación, o que no seamos capaces de cumplir con nuestras responsabilidades y compromisos. Pero eso es muy distinto a creer que prácticamente debemos rehacernos por completo, que nada de lo que nos compone funciona y que no somos nada en comparación con otros.


Cambiar lo que no nos gusta o queremos mejorar es totalmente posible, pero hacerlo requiere de consciencia para partir de definir muy bien ¿por qué quiero hacerlo? Y ¿para qué?. Ambas respuestas, idealmente deben apuntar a ti mismo, a satisfacerte y hacerte sentir mejor, deben ser razones primarias y centradas en uno mismo. Al menos en su origen.


Voy a usar un ejemplo muy común, especialmente para las mujeres. La mayoría de nosotras, aunque no todas afortunadamente, nos pasamos la vida criticando así sea en silencio nuestro cuerpo. Cada vez que nos miramos al espejo pensamos que algo nos sobra y algo nos falta y nos proponemos absurdas dietas y rutinas de ejercicios que rara vez cumplimos, aumentando nuestra sensación de incapacidad y frustración por creer que no es posible lograr el cuerpo ideal.


Si sabemos por qué queremos bajar de peso y para qué queremos lucir un cuerpo distinto, será más fácil asumir que hay cosas que podemos cambiar y otras que no. Sin recurrir a acciones invasivas, es posible perder peso, ganar músculo y tonificar, incrementar la talla del busto o algunas otras cosas, pueden requerir más que disciplina y propósito, pero en todo caso lo que realmente importa es que si esos cambios los queremos hacer para agradar a otros o porque otras personas nos hacen sentir complejo, estamos en la posición equivocada. Con una alta probabilidad fracasaremos en cualquiera de nuestros intentos y nos llenaremos de dolor en el camino. Si alcanzamos los resultados es muy posible que no sean duraderos, y todo eso es porque no podemos hacer nuestra vida sobre la base de lo que otros quieren.


Si el propósito por el contrario es salud, sentirnos mejor con nosotros mismos, volver a una talla que una vez tuvimos para usar nuestros jeans favoritos, entonces el compromiso será más firme porque sabemos que cada vez que tengamos la tentación de soltar el esfuerzo nos estaremos fallando a nosotros mismos y eso nos llenará de fuerzas para persistir.

Sé que parece un caso superficial, pero no lo es. En primer lugar porque todo lo que queramos es importante, solo por el hecho de quererlo y en segundo porque no importa el tamaño que le queramos poner a los retos, para cada uno un paso puede significar la escalada de la montaña más alta del mundo.


Si hay algo físico o actitudinal que quieras cambiar, empieza por preguntarte ¿por qué quieres hacerlo? Y ¿para qué? Estas respuestas te ayudarán a encontrar las anclas que te servirán de apoyo para no abandonar el proceso de cambio.

Modificar una actitud, un rasgo de personalidad, una forma de actuar puede ser más retador porque a diferencia del peso te será más complejo comprobar por ti mismo que vas avanzando, sin embargo, si algo quieres modificar es porque eres consciente de que eso te hace daño, no te gusta o no es sano para ti y ese es el primer y más importante paso. Sé consciente y comprométete primero contigo y para ti y ya luego cuando lo consigas seguro beneficiará a otros también, pero sin duda el haberlo hecho por ti te llenará de una gran satisfacción y será un cambio sin reversa.

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