• Adriana Arismendi

Un nuevo superpoder: la lentitud

Más rápido es mejor, pero no siempre. Todo requiere balance, equilibrio, identificar cuándo hay que ser veloz y rápido y cuándo conviene más ser lento, analizar y darse el tiempo de calidad para hacer una cosa a la vez, con cariño y atención.




En un mundo de velocidad, la lentitud es un superpoder" dice Carl Honoré. Se nos ha olvidado como desconectar, como entregarnos, como hacer una cosa a la vez Eso nos ha enseñado el mundo de hoy: obtener más cosas en menos tiempo Marcación rápida, Comida rápida, Cursos rápidos, Ejercicios rápidos... Pero... Cuándo analizamos, cuándo nos damos tiempo de pensar y disfrutar

Tomar decisiones con velocidad puede ser importante pero, darse el tiempo de calidad para considerar es determinante. Vivimos adictos a la velocidad, nos desesperamos si no conseguimos una respuesta inmediata, comemos rápido, marcamos rápido, escribimos o mandamos notas de voz porque es más rápido que saludar y escuchar a alguien. Trabajamos rápido para salir de eso... Pero se nos escurre la vida entre los dedos sin darnos cuenta.

La vida se nos va entre los manos y olvidamos que podemos cerrar las manos un momento para sentirla y vivirla. Se trata de hacer lo mejor posible de manera consciente. No intentemos dominar el reloj, necesitamos aprender cuándo ir rápido y cuando lento. Es como equalizar la música.

Hay personas que hoy promueven el #movimientoslow impulsado por grandes líderes, exitosos y poderosos que han entendido que la ansiedad nos lleva a correr y no a pensar, a disfrutar, a vivir.

Desarrollar el superpoder implica renunciar a la adicción a la velocidad en todo... Toma un tiempo cada día para vivir con lentitud, para saborear y ser consciente.

No todo lo lento es malo, tono o ineficiente. Comer despacio, pensar con calma, hablar moderadamente… todo requiere calma.


Les cuento que hice para dar mi primer paso en este sentido: No uso reloj. Tengo agenda claro, y veo la hora cada tanto, pero no uso reloj y en mis tiempos libres intento no ver o poner horas en mis actividades.

Es un reto para quienes vivimos en ciudades grandes, trabajamos en empresas grandes y en temas relacionados al mundo digital y transaccional, pero es un desafío de prueba de valor, del valor que en balance y equilibrio nos damos a nosotros mismos y en consecuencia a los que nos rodean, incluyendo clientes. Más calidad y atención a lo que nos queda, no solo a lo que se nota.

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